sábado, 14 de junio de 2008

Mi habitación en tus pupilas

Recuerdo dónde dejé mi vida, mi mundo, mi habitación, en ese lugar concentrado desde el que el universo adopta un tono cálido y frío a la vez, un color azul que se asemeja al tono que tienen las aguas que bañan las playas de los catálogos de las agencias de viajes. Ese lugar que llena de luz lo que recoge, ese lugar que aporta dulzura y firmeza a partes iguales.

Dejé, en el mismo sitio, mi cuerpo y mi alma, espero que cerca de los tuyos. Sé que cuando cierras los ojos me ves, igual que también podría asegurar que para tí soy sólo desorden, un caos organizado y adorado, una herida que no pica, un dolor que produce placer. Créeme, sé de qué hablo.
No, no te mientas, te gusta ser terreno conquistado, te gusta que sea el enemigo y acabe venciendo, porque ganemos uno u otro, ganamos los dos.

Mido la distancia entre tu boca y la mía con sueños, cierro los labios y recuerdo tu estructura, tu forma, y me desespero por no recibir una caricia en el momento adecuado. La vida tiene estas cosas.
Tus pestañas arañan, con cariño, mi cara. Me pediste que me tumbara en la cama, que tú harías el resto. Fuimos fuego, quemamos todo, y aún pedimos más, para que aquello no cesase y siguiera siendo devorado por las llamas de una pasión descontrolada.
Aún me arden los labios.

La luz entraba por las rendijas que las cortinas dejaban sin cubrir. Te acercaste a mí, que estaba embobada mirando por la ventana, de espaldas a donde tú te encontrabas durmiendo. Me besaste la espalda y no me moví, el paisaje me maravillaba. Continuaste besándome hasta que te diste cuenta de qué ocurría. Tú también lo veías. Me abrazaste por detrás, pusiste tu mano en mi vientre, recostaste tu cabeza en mi hombro y nuestra desnudez se convirtió en abrigo.

Nos marchamos y cerré la habitación, con llave, asegurándome de que no se pudiera entrar, para que nadie estropease los recuerdos que allí dejé encerrados. Nos besamos y te fuiste, te miré por última vez, y supe que aquello también significaba que había vuelto a cerrar la habitación, el mundo, mi vida; todo mi universo, está encerrado en tus pupilas.





Nota: Inspirada en la canción del mismo título de Carlos Chaouen.


Y se va el sol
y ensucia la escalera
tengo en la tráquea
toda tu matriz
y suelen decir
la vida tiene estas cosas

3 comentarios:

  1. Sinceramente... es increible

    No me salen ni las palabras para describir lo que me ha parecido... Copiando una palabra tuya...
    SOBERBIO

    Un abrazo

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  2. simplemente...la caña de España

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Si todo es imperfecto en este mundo imperfecto, el amor es lo más perfecto de todo precisamente por su perfecta imperfección.