No sé por qué, justamente hoy, apareces en mi mente para recordarme los peores momentos que pasamos juntos. Me haces sentir mal porque tengo la sensación de que algún día cambiarás... en realidad no es una sensación es una esperanza. Quiero pensar que me querrás, que llegará un día en el que, como en las películas, yo ya tendré hecha mi vida, tú tendrás la tuya.. nos encontraremos en... un supermercado, por ejemplo, yo quizá esté embarazada y tú seguirás como te recuerdo. Estaremos juntos dos minutos, quizá tres. Me preguntarás por mis cosas, yo por las tuyas.. como siempre, tendrás la capacidad de anularme y yo querré echarme a llorar, pero no, aguantaré.
Al cabo de otros tres minutos, aparecerás detrás de mí y me dirás que tú también me recuerdas, que piensas en mí. Yo me desarmaré y querré abrazarte, tú te agacharás un poco, me acariciarás la cara y mi barrigota de embarazada. Me sonreirás y comenzarás a caminar a mi lado, volviendo a conquistarme. Te irás, desaparecerás cuando menos me lo espere y.... saldré detrás de tí, intentando contarte que en realidad yo me sigo muriendo por tí, que pienso en tí cada día y que aún sigo soñando con la noche en que nos acostamos.
Olvidarte es tarea difícil, apareces 10 minutos en mi vida consigues hacerme creer que mi vida ha sido producto de mi imaginación. Pero... ¿sabes lo peor? Que cuando no apareces, soy yo la que te hace aparecer...
Tengo miedo de que me impidas ser feliz, de que tu recuerdo sea más fuerte que los sentimientos que tengo y tendré por otras personas. Estoy muy cansada de aguantarte, a tí, a tu recuerdo, a mis ilusiones, a mi paciencia infinita, a mis sueños contigo... a lo que creo que es mi vida.
Por favor, sólo quiero que te vayas de mi mente, de mi corazón, de mi vida si no vas a volver nunca más a ella. Aléjate de mí.
Quiero olvidarme de tu número de teléfono, de tu correo electrónico, de tu cara, de tu pelo y de tu voz.. de las sonrisas que me robabas, de los abrazos que me diste y de la velocidad a la que tu corazón late.
Eres la única persona a la que, después de 6 meses sin ver, sería capaz de dibujar sin cometer si un sólo fallo. Tus ojos de ese marrón caramelizado, tu pelo rubio oscuro de un largo cual príncipe azul, tus manos fuertes, tu espalda ancha, tu barba cuidada, tu piel suave y blanquecina, tu nombre, también de príncipe, de rey inglés.. tu manera de hacerme el amor, aún sabiendo que yo no sería especial, fue cuidadosa, cariñosa, intensa, cálida... No han vuelto a tomarme otros brazos, porque tengo miedo a olvidar los tuyos. ¡Qué tonta soy!
Por favor, cuídame, aunque sólo me tengas alguna vez en tu pensamiento por equivocación, trátame bien... Acaríciame con palabras, que yo te soñaré noche tras noche con el mismo cariño con el que te besé aquellos días.
No hay nada más real que un espejismo.
domingo 15 de noviembre de 2009
sábado 7 de noviembre de 2009
Afonía
La naturaleza me ha privado de mi voz esta semana, y por algo que ocurrió ayer, creo que debo darle las gracias. Nunca una afonía tuvo tanta voz, tanto calado. Creo que hoy voy a escribir un cuento...
La noche abrazaba, con fuerza, a mi aburrimiento, mis virus y mi somnolencia. Un sonido sordo me hizo consciente de una llamada. Descolgué, y sin voz dije:"hola". Entonces ocurrió todo.
La voz del otro lado: fuerte, decidida, directa, irrumpió de un modo que aún no soy capaz de comprender. Hacía tiempo que no sentía lo mismo, que una voz no me transmitía tanto. Aún intentando hablar y consiguiéndolo, sentía que estaba dando las pinceladas erróneas en un Van Gogh.
Sentía la voz como si fuera la de un padre riñendo a su hijo, con toda la carga emocional que eso supone pero sin perder un ápice de intención. Hay cariño detrás de ella, hay dulzura, hay kilos de azúcar que no empalagan y una nube de algodón rosa de ésas que venden en las ferias.
Cuando la escuchaba, cerraba los ojos, y pulsaba el rec de mi memoria. No me perdonaría haber perdido ni un solo segundo de esa conversación. Por lo que me decía, por cómo me lo decía, por los gatitos que estornudaban y por quién me hablaba.
Como todo, la conversación terminó y yo, gracias a mi insomnio permanente, disfruté un poco más de ella... Pulsé el play y escuché otra vez la voz, pero esta vez, sentía que las palabras iban creando un lazo invisible a mi alrededor, era un abrazo interminable. Conseguí quedarme dormida, podría jurar que con una sonrisa en la boca.
Esta mañana, después de los excesos de anoche, del alcohol edulcorado que esa voz supuso para mí, no hay resaca.
Después de todo lo pasado, de los llantos que no volverán, de la tristeza como compañera, de la soledad que me impusieron, de una muralla en mi piel... resulta que una voz ha conseguido que sienta algo, terminaron llegando los misiles por el único flanco que no había cubierto, mis oídos.
viernes 30 de octubre de 2009
Piramidal
En todos lados, a todas horas, después de que yo haya construido mi muralla
los susurros de cientos de personas, traspasan mis muros
y llegan a acorralarme, aún siendo sólo voces
repitiéndome minuto a minuto
que no soy tan fuerte
como había
creído
como había
soñado tiempo atrás.
Pero tú, maldito duende, sigues ahí
recordándome minuto a minuto que soy una yonki
porque sin hablar contigo, sin escucharte, sin drogarme con tu persona
creo que no soy capaz de vivir, tengo la certeza de que no soy capaz de amar y
ante todo, sin tí, soy una inconsciente que busca tu voz en cada silencio que la vida le
regala.
miércoles 14 de octubre de 2009
Mis silencios
Cada festivo, cada ocasión en la que vuelvo a casa siempre ocurre lo mismo. El día anterior estoy nerviosa, quiero volver a ver a mi familia, pero, a la vez, estoy deseando quedarme en la ciudad en la que estoy. No es que no quiera a mi gente, simplemente no los necesito tanto físicamente. En realidad, y suena duro decirlo, sólo con oír su voz de vez en cuando me vale, me calman, me tranquilizan, nos contamos todas las novedades en nuestros respectivos quehaceres y marujeamos insanamente durante un par de horas por teléfono. Y vale. Y no hay más.
No soy una persona arisca, o al menos creo que no es la sensación que transmito, más bien la contraria, pero ahora mismo estoy en un momento en el que necesito mi libertad más que nada, más que a nadie. Después del duro varapalo que es el oír, ya casi como rutina, que alguien a quien tú amas, no te quiere, algo ha cambiado en mí. Supongo que ya me tocaba.
Ahora, aparte de ser bastante menos inconsciente, soy mucho más ..¿cómo decirlo? insensible. Ciertamente, no es una insensibilidad pétrea, algo inerte, es un sentimiento más íntimo, menos generalista.
Si hay algo que puede molestarme sobremanera éso es la ruptura de un silencio cargado de un pensamiento profundo. Y últimamente yo los tengo, tanto las molestias como los pensamientos. Sé que los demás no pueden saber cuándo y por qué mis silencios son como son, pero más de una vez me hubiera gustado tener un cartelito que pusiera: "Silencio, se piensa". ¿Nadie lo hace? ¿Sólo yo?..
Escucharse a uno mismo, los silencios y los pensamientos que, a voces, intentan hacerse un hueco en nuestras vidas, estoy segura de que solucionarían muchos problemas que, realmente, si nos parásemos un poco a pensar, no lo son.
Irme a casa de mis padres, volver a ella, es sinónimo de no ser capaz de tener este tipo de pensamientos, de una ruptura constante de mi espacio, de mis silencios y éso hace que termine pagándolo con ellos, a veces de manera desmesurada, con contestaciones inapropiadas.
Vivir aquí ha hecho que me habitúe a poder expandirme en todo momento, me ha enviciado como nunca creí que lo haría al hecho de estar sola y creo que, por un lado, ha sido perjudicial. Si bien es cierto que también me ha ayudado a fortalecer la aptitud socializadora que ya tenía, mejorando el modo de relación interpersonal, de lo que se deduce que lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Si sólo es cuestión de tiempo y, yo misma, rompo mis silencios...
No soy una persona arisca, o al menos creo que no es la sensación que transmito, más bien la contraria, pero ahora mismo estoy en un momento en el que necesito mi libertad más que nada, más que a nadie. Después del duro varapalo que es el oír, ya casi como rutina, que alguien a quien tú amas, no te quiere, algo ha cambiado en mí. Supongo que ya me tocaba.
Ahora, aparte de ser bastante menos inconsciente, soy mucho más ..¿cómo decirlo? insensible. Ciertamente, no es una insensibilidad pétrea, algo inerte, es un sentimiento más íntimo, menos generalista.
Si hay algo que puede molestarme sobremanera éso es la ruptura de un silencio cargado de un pensamiento profundo. Y últimamente yo los tengo, tanto las molestias como los pensamientos. Sé que los demás no pueden saber cuándo y por qué mis silencios son como son, pero más de una vez me hubiera gustado tener un cartelito que pusiera: "Silencio, se piensa". ¿Nadie lo hace? ¿Sólo yo?..
Escucharse a uno mismo, los silencios y los pensamientos que, a voces, intentan hacerse un hueco en nuestras vidas, estoy segura de que solucionarían muchos problemas que, realmente, si nos parásemos un poco a pensar, no lo son.
Irme a casa de mis padres, volver a ella, es sinónimo de no ser capaz de tener este tipo de pensamientos, de una ruptura constante de mi espacio, de mis silencios y éso hace que termine pagándolo con ellos, a veces de manera desmesurada, con contestaciones inapropiadas.
Vivir aquí ha hecho que me habitúe a poder expandirme en todo momento, me ha enviciado como nunca creí que lo haría al hecho de estar sola y creo que, por un lado, ha sido perjudicial. Si bien es cierto que también me ha ayudado a fortalecer la aptitud socializadora que ya tenía, mejorando el modo de relación interpersonal, de lo que se deduce que lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Si sólo es cuestión de tiempo y, yo misma, rompo mis silencios...
sábado 3 de octubre de 2009
Hilos
Los hilos de mi cabeza proceden de la madeja que tengo situada en mi corazón, a veces pienso que nunca llegaré a encontrar a nadie que sepa hilarme, otras veces pienso que lo he encontrado y lo he perdido, y otras, simplemente, me dejo llevar hasta que encuentro a alguien que resulta ser un nudo.
Hoy voy a destejerme un poco.
jueves 24 de septiembre de 2009
Un lavado de cara
Cambio de look para el blog, que falta le va haciendo. Despedidas emotivas no, que sólo cambio de estilo.
viernes 18 de septiembre de 2009
Entre tú y yo
Así, en confianza, te diré que me gustaría pagarte un billete sin retorno a la luna para que te quedaras allí lo que dura un para siempre, que no sé si es mucho o poco, pero es una medida del tiempo como otra cualquiera. Te recomiendo que te construyas una casita para estar agusto, más que nada porque ahora que somos amigos, cada vez que me hables de otra persona de mi mismo género, te dedicaré un para siempre, y de tantas veces que lo haré, te será más confortable encontrar un sitio en el que cobijarte. Hazme caso.
Si quieres que te sea sincera, entre tú y yo no hay tantas diferencias. He estado más de una vez en la situación en la que te encuentras tú, ésa en la que decir adiós es tan sencillo como susurrar un te he echado de menos y lo cierto es que no mientes cuando dices ninguna de las dos cosas. El problema viene cuando se giran las tornas y te encuentras del lado contrario y esas despedidas ligeras te arañan algo al ser escuchadas.
Quizá me lo merezca. Llegó un punto en el que de tanto decir adiós me olvidé del sonido de un hasta luego sentido y en ese instante apareciste tú, con tus buenos días, buenas tardes, buenas noches a grito pelado, que yo interpreté como he llegado para quedarme y realmente era un: no me quedó más remedio que llegar. Te supuse consecuencia directa de mi fortuna y, desafortunadamente, tu vida y la mía no comparten camino.
Mi ruta no difiere en exceso de la que sigues, pero sólo converge en los puntos justos en los que me puede hacer flaquear. C´est pas possible mon amour. Tu n´est pas un démon.
Eros, en uno de sus crueles y divinos juegos me hizo enamorarme de tí y ahora yo, una mísera humana, lucho con todas mis fuerzas para zafarme de sus planes y volver a mi gris y obtusa existencia pues no es más luminoso el negro noche bañado en lágrimas que el gris impaciente que tiñe mi bóveda celeste cuando no hay alicientes para un nuevo latido.
Si quieres que te sea sincera, entre tú y yo no hay tantas diferencias. He estado más de una vez en la situación en la que te encuentras tú, ésa en la que decir adiós es tan sencillo como susurrar un te he echado de menos y lo cierto es que no mientes cuando dices ninguna de las dos cosas. El problema viene cuando se giran las tornas y te encuentras del lado contrario y esas despedidas ligeras te arañan algo al ser escuchadas.
Quizá me lo merezca. Llegó un punto en el que de tanto decir adiós me olvidé del sonido de un hasta luego sentido y en ese instante apareciste tú, con tus buenos días, buenas tardes, buenas noches a grito pelado, que yo interpreté como he llegado para quedarme y realmente era un: no me quedó más remedio que llegar. Te supuse consecuencia directa de mi fortuna y, desafortunadamente, tu vida y la mía no comparten camino.
Mi ruta no difiere en exceso de la que sigues, pero sólo converge en los puntos justos en los que me puede hacer flaquear. C´est pas possible mon amour. Tu n´est pas un démon.
Eros, en uno de sus crueles y divinos juegos me hizo enamorarme de tí y ahora yo, una mísera humana, lucho con todas mis fuerzas para zafarme de sus planes y volver a mi gris y obtusa existencia pues no es más luminoso el negro noche bañado en lágrimas que el gris impaciente que tiñe mi bóveda celeste cuando no hay alicientes para un nuevo latido.
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