miércoles, 29 de febrero de 2012

Man in the box

Hoy me han atacado por uno de mis flancos débiles: el cine. Me gusta, he de reconocer que me falta cultura en este campo y que me encanta que la gente me descubra películas mágicas. 
He mantenido una conversación extraña con R. en la que veía especularmente toda mi pasión melódica reflejada en la suya fílmica y me heló. Me quedé boquiabierta al experimentar lo que se siente cuando alguien te habla desde lo más profundo de sus entrañas para explicarte lo fascinante que le parecen unos pocos segundos en una relación espacio-temporal infinita.

Entonces, en medio de aquel parque que tantas veces me vio pensar en I. sola, me miró a los ojos y me dijo: "te equivocas, tu película favorita es Alta fidelidad".  


So, I´m the man in the box
buried in my shit
won´t you come and save me, save me?

¿Lo hará?


lunes, 27 de febrero de 2012

12 quizases y 2 probabilidades

Quizá nunca fuimos nada y yo me empeñé en pensar que sí que lo éramos. 

Quizá la conexión tan especial que sentía contigo sólo fuera una mera ilusión producida por el hecho de que cada vez que escuchase una canción supiera exactamente cuál sería tu reacción, cómo sonreirías o incluso las palabras que saldrían de tu boca; tu siempre presta negación y lo caros que costaban tus halagos a pesar de que, interiormente, los regalases con más facilidad. 

Quizá, porque todo puede ser, tú y yo únicamente estamos destinados a ser una muesca más en la pistola del otro. Una posibilidad convertida en error, un fallo.

Quizá tú deseas algo que yo nunca tendré y tú eres algo que yo no merezco. 

Quizá algún día nos olvidemos y entonces, probablemente, yo me convierta en una nota de una melodía recurrente y tú formes parte de una legión de "me gusta" que aparecen en facebook en el grupo que toca el tema que tengo de melodía en el móvil.

Quizá el tiempo pase y no recordemos con quién fuimos a ver a The soulbreaker company o The answer pero podamos recitar el setlist de memoria.

Quizá llegue el día en que no sintamos la música del mismo modo y nos volatilicemos de la memoria ajena.

Quizá yo te olvide y tú hayas roto mis cartas.

Quizá la distancia sea una solución y no volver a la memoria del otro la respuesta.

Quizá tú volviste a mí porque significo algo para ti y yo te dejo ir porque es un buen modo de demostrarte lo que te quise.


Probablemente nunca fuimos nada y sólo se trataba de espantar juntos nuestras soledades.
Quizá mis ojos no se reflejaron nunca en los tuyos.

Probablemente, quizá sin duda, esto sea lo mejor.

domingo, 26 de febrero de 2012

Face it!

Sí, asúmelo, los abrazos son la mejor tirita para cualquier herida, incluida ésta que por raro que parezca, de esta vuelta, no sangra. Las voces amigas que han insistido en preguntarme qué motivó todo esta vez, predicen cielos claros y soles espléndidos para días venideros; quizá seis meses de tranquilidad y un par de vaqueros nuevos de por medio, y aparezca alguien. 

Yo sólo pido tiempo y que esta sensación de hermetismo que impide que nadie me llegue a importar duren mucho. Ahora me centraré en mi carrera, en mis cosas.
Sí, echaré de menos los abrazos, los quererme mucho con alguien y los mensajes tontos, pero tendré algo mejor después: unos grandes informes sobre mi aportación en el día a día del laboratorio.

Dicen que la vida es un ente equilibrado: el yin y el yan. No sé cuál será mi siguiente punto positivo pero me gustaría pensar que, sea lo que sea, es algo que va a durar: un trabajo en el que se me valore, una casa estupenda, mi lugar en el mundo; whatever.


viernes, 24 de febrero de 2012

Nunca se ha de olvidar



Que el peor día de nuestras vidas sólo dura 24 horas.


Otra vez te ha dado por irte. El año pasado lo hiciste por la puerta de atrás, este año he sido yo la que ha preferido no escuchar tu porqué. No me iba a aportar nada saber que te has liado con N., tirado a S. o quizá hecho una orgía con J. y alguna amiga más. Me da exactamente igual el motivo, estoy por encima de él porque, al final, el resultado es el mismo: se acabó.

Tú sabrás si te merece la pena la circunstancia que se te presentó y aprovechaste. Yo lo que tengo claro es que, esta vez, el que sales perdiendo eres tú. Con el tiempo te darás cuenta de cuánto. Pero ahora no, aún no.

Como te dije ayer: sólo espero que la vida te dé lo que te mereces, sea lo que sea. Y no, no lo tomes como algo negativo o dicho desde el rencor pues es lo más realista y bonito que te pueden decir; al fin y al cabo es lo que cada uno se ha ido granjeando con el paso del tiempo, ¿no?.

Pudimos ser grandes, tú decidiste conformarte con la mediocridad, te agradezco que me hayas dejado a mí la excelencia.


Tengo arte para destrozarme sin dejar de sonreír.





jueves, 23 de febrero de 2012

Cerrado por derribo

Definitivamente, el amor y yo, no somos compatibles. 



miércoles, 22 de febrero de 2012

Yo soy un no

Soy una chica tranquila, ordenada, paciente y serena. No me gusta que me intenten enmarcar y acotar en un terreno que, casi con toda seguridad, se me quede pequeño. No me gusta la gente que cree conocer a otros y se permite el lujo de aventurar ciertas actuaciones. Están errando, siempre.
Que sea tranquila no quiere decir que no tenga genio, ni mala leche, ni poco carácter; más bien todo lo contrario. Me conozco y sé hasta dónde puedo llegar, a partir de ese límite es mejor no estar cerca, no controlo, me desahogo y no tengo medida de lo racional ni de lo lógico o tolerable, por eso me enseñé a ser capaz de aguantar. Llamémoslo medida de prevención de riesgos.

Somos alimentados con una dieta mental de tontería y porquería diseñada para disminuir nuestro sentido de identidad propia y cerrar definitivamente nuestra conciencia hasta que se vuelva una pálida sombra de lo que puede ser. Uno se vuelve una oveja y la oveja se vuelve un rebaño.

No formo parte del ejército INDITEX, no me visto como el 90% de las chicas de mi edad y no escucho la música que el mercado defiende como exitosa. No me quedo callada ante lo que no me gusta y, ante todo, no subyugo mis ideas a las que me vende nadie: ni el gobierno, ni la oposición, ni el 15M... Procuro leer todo y estar al tanto de cada cosa que ocurre para poder formarme mi propia opinión, es probable que errónea e indudablemente coja en ciertos aspectos pero mía.

Casi todo lo que he escrito comienza con un "no" y es que yo, principalmente, soy un "no".

No soy fácil de complacer porque soy muy exigente.

No formo parte de la mayoría en nada. Soy un extremo, un puntal individual. No soy como todas ellas, ni como tú, soy yo y estoy orgullosa de serlo.

No soy tolerante. Nunca lo he sido. Ahora califícame de talibán y probablemente hayas dado en el clavo, aunque es probable que no.

No soy hipócrita. Prefiero quedar como una borde a como una impresentable, son opciones, ya sabes.

No bebo, no fumo, no me drogo y soy joven. Lo sé, acabo de hacer saltar tus esquemas por los aires. ¿Por qué no te planteas que sean tus ideas las erróneas en vez de calificarme a mí como rara avis? Si ahora mismo te digo que yo he hecho una dieta hiperproteica en la que se pueden matar neuronas por una etapa de cetoacidosis y confronto este hecho con un grupo de chicos fumando porros, ¿por qué inconscientemente te parecería más insana la dieta? ¿No te parece bastante más ridículo e improductivo lo segundo? Ahí es donde hay que empezar a cambiar cosas.

Pero ¿sabéis que es lo peor? Que yo seguiré pareciendo una especie en extinción cuando en realidad debería ser la norma.

martes, 21 de febrero de 2012

Trigger

A veces pienso que morirte sería lo mejor que nos podría pasar a todos, incluida a ti. No me gusta nada esta persona en la que te estás convirtiendo, tanto es así que incluso estoy empezando a despertar un sentimiento de rechazo profundo a pesar del inmenso amor que te profeso. 

Lo único que buscas es que todos estemos a tu alrededor, nunca has valido para estar sola y cuando eras más joven te recuerdo reconociéndolo. No me gusta esta ñoñería apremiante, esa sensación de que TENGO que estar ahí siempre porque sino tú vas a estar mal, que vas a acabar con la salud de mi padre (esto lo tengo claro) y que él, a su vez, lo pagará con mi madre y conmigo, porque es lo lógico, porque es lo que toca, porque es lo normal. 

No voy a permitir que destruyas esto que he tardado tanto en conseguir, esta calma. No voy a consentir tener miedo cada vez que descuelgo el teléfono cuando me llaman mis padres porque note que han discutido y hemos vuelto a aquel punto en el que ya había abogados de por medio y yo esté lejos. No puedo hipotecar mi vida por enésima vez. 

Tú no lo sabes pero he visto discutir a mis padres tantas veces que creo que perdí parte de mi niñez en cada frase que salía de sus bocas. Siempre era el mismo guión y siempre me obligué a estar en la habitación en la que ocurría todo para no huir de los problemas y comprenderlos. 
Hasta los 7 años aguanté estoicamente aquellas disputas hasta que un día no pude más y me recuerdo en una esquina de la cocina arrodillada, llorando y pidiéndoles por favor que dejasen de discutir. No me escuchaban porque sus gritos tenían mucho más volumen. De repente, mi padre se giró y me vio, me preguntó qué pasaba con la voz más dulce que jamás escuché y lo solté todo: 7 años contenidos que salieron torpemente de mi boca. 7 años de recuerdos impolutos que les presenté sobre la mesa. Ellos también lloraron. 

Crecí y vi cómo aquellas discusiones se volvían más constantes y menos agresivas en las formas (jamás hubo violencia entre ellos, he de aclararlo) aunque mucho más incisivas en los comentarios. Sé que eso me ha formado y es la causa de que ahora sea yo la que tiene que tener cuidado cuando se enfada y contar hasta 30 porque soy experta en hacer daño con el vocabulario. He aprendido a base de ejercicios prácticos. Y no tengo rival.

Te quiero porque cuando mis padres no pudieron estar conmigo de pequeña yo trabajé en la tienda contigo. Tú me recogías en el cole y de ahí a despachar pan, magdalenas, bollos y cualquier dulce que pueda venirme ahora a la mente. Tú: mi abuela, esa mujer a la que rechazaron en la familia política por pobre y sin embargo fue la que la sacó adelante.
No te mentiré si te digo que siempre adoré al abuelo, para mí él lo era todo. Le echo mucho de menos y en este momento necesito que haga brillar una estrella para decirme que no estoy sola. Él murió demasiado pronto, como todos aquéllos a los que amamos. Y tú mutaste a ser un espectro. Cambiaste tanto que me costaba abrazarte para apaciguar tus lágrimas; sé que tú le lloraste por las dos, yo a día de hoy sigo sin ser capaz. Eso fue el declive.
Luego vino tu cáncer, el marcapasos de mi padre, el accidente de mi tío, .... y tú caíste en picado porque no pudiste ponerle freno. Creo que una mezcla de todo eso y el hecho de verme a mí teniendo que poner paños en todos los agujeros fueron el principio de mi separación. 
No soporto a la gente débil porque me parece que me faltan al respeto descaradamente a mí y a los demás. Todos tenemos problemas y nos duelen como si fueran los únicos; si yo puedo sobrellevar los míos, tú has de poder hacer frente a los tuyos. Y no hay más. Tú eres de las que sollozan, yo de las que se dejan la piel.

Me temo frente a ti, cualquier día de estos, soltando una serie de frases hirientes y destilando odio. Y no me gusta la idea porque puede hacerse realidad, porque puedo terminar con nuestra relación de un plumazo sin sentirme mal. Porque tengo fuerza suficiente como para ignorarte a pesar de ser quien eres, de lo que significas para mí.

Cuando el abuelo entró en el hospital yo sabía que no saldría de allí con vida y me negué a subir a la maldita planta de oncología por la que, espero morir antes, me tocará pasar a mí. No quería mancillar su recuerdo con la imagen deprimente de un moribundo que habitaba su cuerpo. Él murió el día que le ingresaron, lo sé. Tú sin embargo te mueres poco a poco y me obligas a ver tu deterioro. 
Tu marido toda su vida defendió la teoría de que había que pelear y luchar hasta el final y cuando pensaras que las cartas no podían hundirte más entonces era cuando más había que apostar. Lucha, defensa, ataque, fuerza, rabia, valor, coraje, ánimo. Él era todo eso. Era fuerte, era desgarrador, era atrevido y tú te estás dejando vencer. Tantos años a su lado y no fuiste capaz de embeberte de su carácter lo más mínimo. 

Leo lo que he escrito y me siento mal porque la impresión que se saca de ti es todo lo que yo jamás quise en nadie que me rodease pero es lo que veo. 

Hace tiempo que tú también partiste a su lado. Sólo espero que allá donde estéis sigáis cogidos de la mano y él te haya recibido, como siempre hizo, con un beso en la frente. 

Os quiero y os admiro por vuestra lucha, por vuestro sufrimiento, pero sobre todo por vuestra manera de amaros. Ojalá podáis estar orgullosos siempre de los que, por el tiempo que sea, nos quedamos atrás.