lunes, 2 de febrero de 2009

Fuiste

¿Sabes? No fuiste nada y fuiste. Parece una tontería pero contigo creí que rompería de una vez la intensa relación que mantengo fielmente conmigo misma.
Llevaba tres años y dos meses sin un solo devaneo, sintiéndome unida a la soledad con tal fuerza que creí que lo nuestro sería para siempre, cuando apareciste tú. En un día revolucionaste lo visible y lo invisible.
Apasionadamente sellamos nuestro primer encuentro con unas conversaciones y unos besos que me hicieron pensar que eras alguien completamente distinto a todos aquellos a quienes yo había conocido. Continuamos hablando, pensando por mi parte que yo para tí era alguien tan especial como tú lo eres - eras - para mí.

Algún día aprenderé a utilizar los tiempos pasados, probablemente cuando el aire deje de tener alfileres que, en cada inspiración, se me clavan hondo empujando a los ya existentes un poquito más, ayudando a que mi herida no deje de sangrar.

Te volví a ver y versamos a alquimistas, haciendo que lo químico pasara a físico y se convirtiera en placer. Nos separamos, para mí demasiado rápido, y empecé a darme cuenta de que tú lo veías en blanco y negro, mientras que yo tenía tal gama de colores que a día de hoy no sé por dónde empezar a borrar. Siempre en alto me repetía : "no corras, que aún no hay nada", se lo decía a los demás y me lo decía a mí, intentando convencerme, pero no me escuchaba. Mi corazón había puesto alrededor de mis oídos unas vendas que me impedían oír lo propio y soñar con lo ajeno, contigo.

Siendo así, ni tuyo ni mío, continuamos hablando y hoy desperté. Con cuidado y esperando no resentirme, fui capaz de leerte los labios cuando me hablabas de manera indiferente de tu rutina. Caí en la cuenta de que no soy para tí nada, no fui nada, nunca seré nada.
Afirmo en futuro porque lloro en presente, porque me duele. Aún no entiendo cómo en todo este tiempo no he conseguido inmunizarme a estos golpecitos que sé que me vendrán.
Me dijiste que me veías fuerte porque luchaba con todas mis fuerzas contra mis sentimientos, porque confesaste que se me nota el esfuerzo en la mirada y te dí pena. No quisiste hacerme daño y lo soltaste, sabiendo que el huracán arrasaría todo y me dejaría perdida en un mar de confusión. A estas horas, aún intento flotar. Y sólo fuiste dos tardes y un amanecer.

miércoles, 28 de enero de 2009

Beethoven

La gota va cayendo desde mi mano hasta unirse al resto de iguales que conforman el lago. Siento que una parte de mí fluye hasta llegar al total, haciéndome débil, correosa en cierto modo, desvaneciéndome cada segundo un poquito más.
La sensación que recorre mi cuerpo se va fortaleciendo, liberándome de todas aquellas ataduras que creí sufrir durante ...¿cuánto? ¿Durante cuánto tiempo me estuve sintiendo presa de mí misma? Demasiado, seguro.
Ahora la gota forma círculos concéntricos, reverberando la luz de la luna en aquel extraño lugar, perdido entre los sueños y la realidad, más cerca que nunca de la silenciosa compañía que provoca en cualquiera la noche.

jueves, 18 de diciembre de 2008

sábado, 13 de diciembre de 2008

Fuiste un sueño

Y anoche, me guiñaste un ojo mientras al piano desgarrabas tu voz al son de una canción única para los dos, estoy segura.
No quiero salir de la cama y perder con ello la continuidad de mi sueño, aquel en el que de vez en cuando, tú desde el escenario y yo desde la primera fila, cruzamos las miradas más de una vez.
Me sonreíste, te sonreí. Tocaste "Backstage" y yo creí que no era cierto, porque por fin alguien hacía que mi corazón palpitase con fuerza.
Diste por terminado el concierto y te ví, con los demás, cantando en el camerino, como sólo vosotros podíais hacer.
Como dicen en otra canción:"fuiste, y lo importante ha sido éso, que es pasado aunque me quejo".
Gracias Quique.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Se llamaba...

Se llamaba Javier y tenía una Harley. No recuerdo mucho acerca de nuestra relación pero nunca olvidaré lo que sentí cuando subí por primera vez a aquella moto.
Recuerdo cómo me agarré a él por miedo a caerme y cómo él sonrió antes de ponerse el casco, "tranquila pequeña, lo pasaremos bien", y tuvo razón, lo pasamos mejor que bien.
Al principio por mi parte todo eran temores. Con el paso de los kilómetros lo único que deseaba era no bajarme, que no hubiera que parar. Sentir el viento como única frontera inexcrutable en ciertos momentos, como aliado en otros, fue un regalo que jamás olvidaré.
Cuando nos bajamos y nos quitamos los cascos él me miró a los ojos y me besó. No estoy segura de cómo reaccioné, supongo que mitad sorprendida mitad encantada, el caso es que después, la noche se hizo día en medio de una cala perdida allá por el nororeste del país.
El Sol nos despertó y recogimos nuestras cosas. Revisé varias veces para ver si lo había cogido todo, olvidando que allí dejé algo que jamás recuperaré, la ilusión de haber sido feliz al menos un ratito cada día.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Báilame el agua



-Tú siempre esperas gestos, yo palabras... Vivimos en mundos distintos... y dentro de poco, más aún.
-No digas eso...
-Soy realista... El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto... ya no hay forma de sacarlo.
-¿Te has vuelto poeta?
-No... lo escribiste tú, hace unos meses...
-Báilame el agua. Úntame de amor y de otras fragancias de tu jardín secreto... Sácame de quicio, hazme sufrir. Ponme a secar como un trapo mojado. Lléname de vida, líbrame de mi estigma. Llámame tonto. Olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora... No me arrastres, no me asustes... Vete lejos... pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo. Toca mis ojos, nota la textura del calor. ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos y deja que te invite a un café. Caliente claro, y sin azúcar... sin aliento...

sábado, 15 de noviembre de 2008

Caminaba por la calle

Hacía tiempo que no salía a la calle a caminar sin rumbo, de un lado a otro, sin más pretensión que la de dejar que mis pies fueran los que me guiaran hacia una meta no decidida.
Hoy lo he hecho. Salí de casa sin mp3, para dejar que mis pensamientos fluyeran del mismo modo en que pretendía que lo hiceran mis pies: guiándose por ellos mismos, sin que les influyera nada más que su propia voluntad.
Llegué a la conclusión de que estaba perdida en el momento en el que no supe cómo seguir con el hilo argumental de la trama que se estaba desarrollando en mi cerebro. Habían pasado varios minutos desde que los edificios ya no me resultaban conocidos pero, aún así, no me sentí desubicada hasta que mi consciencia llamó a la puerta. ¿Hola? Efectivamente estaba sola, en una especie de paraíso rural muy poco urbanita, que sólo he sido capaz de encontrar en dos ciudades, León y Santiago. Tanto aquí como allí, puedes caminar un largo trecho y, de repente, pasar de ver un edificio ultramoderno para tener ante tus ojos un riachuelito cruzado por un puente de madera, siendo todo ello abrazado por una hierba verde, intensa.
Creí sentirme viva como se sienten los niños, descubriendo cosas maravillosamente comunes a cada paso que dan. Creí soñar, una vez más.
Inspiré largo y profundo, dejando que el verde, el frescor del agua, la soledad y la noche entrasen en mí a su libre albedrío. Las lucecitas de las farolas que se veían a lo lejos me mostraban un camino que bien podría haber sido una procesión de luciérnagas. Era hora de volver, de despertarse y hacerse adulta.
La vuelta he de decir que se me hizo triste, la sensación que tuve fue similar a la que te embarga cuando has de volver de un viaje que te sorprende gratamente y del cual, antes de partir, no estabas muy seguro.
He abierto la ventana de mi habitación, desde la que se ve una montaña no muy lejana y el edificio del antiguo seminario. Las calles aledañas están vacías y se entrecruzan en un silencio marcado por el caminar lento de dos chicos que parecen no querer llegar. De vez en cuando algún coche surge de entre la urbe con su rumor, pareciendo pedir perdón a cada paso, por romper la burburja mágica que se crea en este lugar, sabiendo que está disfrutando de algo que sólo se encuentra si te dejas llevar.


Caminé con paso firme y decidido,
al final que tristemente me marcó...