Te conocí el primer día que la lluvia decidió regresar a su casa, a Galicia, al único sitio donde es considerada arte. Desde entonces no ha dejado de llover, cada vez con más fuerza, más ansias... exactamente igual que me pasa a mí contigo. Yo lo resumiría con una palabra: MÁS.
Ayer te escribí que te quiero y me sonó bonito, nunca había sonado tan bien. Tú haces que brille de un modo especial, como el mango de ese paraguas que compré hace 6 años aquí y del que aún a día de hoy me doy cuenta de no haberle prestado la atención suficiente como para haber visto su relucir grisáceo cuando el sol se cuela tímidamente entre las nubes.
Ayer te escribí que te quiero y me sonó bonito, nunca había sonado tan bien. Tú haces que brille de un modo especial, como el mango de ese paraguas que compré hace 6 años aquí y del que aún a día de hoy me doy cuenta de no haberle prestado la atención suficiente como para haber visto su relucir grisáceo cuando el sol se cuela tímidamente entre las nubes.
Tú, que eres por derecho las dos caras de la moneda, eres un ser de agua, que no acuoso. Apareciste con ella, llegarás con ella y me dejarás la luz. Light team. Si supieras lo bellos que son tus ojos cuando estás a punto de llorar te emocionarías más a menudo. Tu sonrisa nerviosa cuando te cuento cómo te veo, por qué te entiendo y acierto. Sé que una parte de esos nervios, como te dije, vienen dados por miedo a lo que pueda pasar pero también porque es la primera vez que das con alguien que sabe encajar todas tus piezas. Siempre has sido un rompecabezas, y no únicamente por las vueltas que le das a todo, sino porque ni tú mismo a veces puedes colocarte. Te contaré mi truco: tus detalles. Escúchate, D. O déjame a mí que lo haga y te lo explicaré todo.
Ya que estoy, te confesaré una cosa: tiemblo cada vez que me dices que estarás ahí en el futuro porque sé que es real, porque sé que quieres estarlo. Porque lo conseguiremos.






