miércoles, 28 de enero de 2009

Beethoven

La gota va cayendo desde mi mano hasta unirse al resto de iguales que conforman el lago. Siento que una parte de mí fluye hasta llegar al total, haciéndome débil, correosa en cierto modo, desvaneciéndome cada segundo un poquito más.
La sensación que recorre mi cuerpo se va fortaleciendo, liberándome de todas aquellas ataduras que creí sufrir durante ...¿cuánto? ¿Durante cuánto tiempo me estuve sintiendo presa de mí misma? Demasiado, seguro.
Ahora la gota forma círculos concéntricos, reverberando la luz de la luna en aquel extraño lugar, perdido entre los sueños y la realidad, más cerca que nunca de la silenciosa compañía que provoca en cualquiera la noche.

jueves, 18 de diciembre de 2008

sábado, 13 de diciembre de 2008

Fuiste un sueño

Y anoche, me guiñaste un ojo mientras al piano desgarrabas tu voz al son de una canción única para los dos, estoy segura.
No quiero salir de la cama y perder con ello la continuidad de mi sueño, aquel en el que de vez en cuando, tú desde el escenario y yo desde la primera fila, cruzamos las miradas más de una vez.
Me sonreíste, te sonreí. Tocaste "Backstage" y yo creí que no era cierto, porque por fin alguien hacía que mi corazón palpitase con fuerza.
Diste por terminado el concierto y te ví, con los demás, cantando en el camerino, como sólo vosotros podíais hacer.
Como dicen en otra canción:"fuiste, y lo importante ha sido éso, que es pasado aunque me quejo".
Gracias Quique.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Se llamaba...

Se llamaba Javier y tenía una Harley. No recuerdo mucho acerca de nuestra relación pero nunca olvidaré lo que sentí cuando subí por primera vez a aquella moto.
Recuerdo cómo me agarré a él por miedo a caerme y cómo él sonrió antes de ponerse el casco, "tranquila pequeña, lo pasaremos bien", y tuvo razón, lo pasamos mejor que bien.
Al principio por mi parte todo eran temores. Con el paso de los kilómetros lo único que deseaba era no bajarme, que no hubiera que parar. Sentir el viento como única frontera inexcrutable en ciertos momentos, como aliado en otros, fue un regalo que jamás olvidaré.
Cuando nos bajamos y nos quitamos los cascos él me miró a los ojos y me besó. No estoy segura de cómo reaccioné, supongo que mitad sorprendida mitad encantada, el caso es que después, la noche se hizo día en medio de una cala perdida allá por el nororeste del país.
El Sol nos despertó y recogimos nuestras cosas. Revisé varias veces para ver si lo había cogido todo, olvidando que allí dejé algo que jamás recuperaré, la ilusión de haber sido feliz al menos un ratito cada día.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Báilame el agua



-Tú siempre esperas gestos, yo palabras... Vivimos en mundos distintos... y dentro de poco, más aún.
-No digas eso...
-Soy realista... El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto... ya no hay forma de sacarlo.
-¿Te has vuelto poeta?
-No... lo escribiste tú, hace unos meses...
-Báilame el agua. Úntame de amor y de otras fragancias de tu jardín secreto... Sácame de quicio, hazme sufrir. Ponme a secar como un trapo mojado. Lléname de vida, líbrame de mi estigma. Llámame tonto. Olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora... No me arrastres, no me asustes... Vete lejos... pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo. Toca mis ojos, nota la textura del calor. ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos y deja que te invite a un café. Caliente claro, y sin azúcar... sin aliento...

sábado, 15 de noviembre de 2008

Caminaba por la calle

Hacía tiempo que no salía a la calle a caminar sin rumbo, de un lado a otro, sin más pretensión que la de dejar que mis pies fueran los que me guiaran hacia una meta no decidida.
Hoy lo he hecho. Salí de casa sin mp3, para dejar que mis pensamientos fluyeran del mismo modo en que pretendía que lo hiceran mis pies: guiándose por ellos mismos, sin que les influyera nada más que su propia voluntad.
Llegué a la conclusión de que estaba perdida en el momento en el que no supe cómo seguir con el hilo argumental de la trama que se estaba desarrollando en mi cerebro. Habían pasado varios minutos desde que los edificios ya no me resultaban conocidos pero, aún así, no me sentí desubicada hasta que mi consciencia llamó a la puerta. ¿Hola? Efectivamente estaba sola, en una especie de paraíso rural muy poco urbanita, que sólo he sido capaz de encontrar en dos ciudades, León y Santiago. Tanto aquí como allí, puedes caminar un largo trecho y, de repente, pasar de ver un edificio ultramoderno para tener ante tus ojos un riachuelito cruzado por un puente de madera, siendo todo ello abrazado por una hierba verde, intensa.
Creí sentirme viva como se sienten los niños, descubriendo cosas maravillosamente comunes a cada paso que dan. Creí soñar, una vez más.
Inspiré largo y profundo, dejando que el verde, el frescor del agua, la soledad y la noche entrasen en mí a su libre albedrío. Las lucecitas de las farolas que se veían a lo lejos me mostraban un camino que bien podría haber sido una procesión de luciérnagas. Era hora de volver, de despertarse y hacerse adulta.
La vuelta he de decir que se me hizo triste, la sensación que tuve fue similar a la que te embarga cuando has de volver de un viaje que te sorprende gratamente y del cual, antes de partir, no estabas muy seguro.
He abierto la ventana de mi habitación, desde la que se ve una montaña no muy lejana y el edificio del antiguo seminario. Las calles aledañas están vacías y se entrecruzan en un silencio marcado por el caminar lento de dos chicos que parecen no querer llegar. De vez en cuando algún coche surge de entre la urbe con su rumor, pareciendo pedir perdón a cada paso, por romper la burburja mágica que se crea en este lugar, sabiendo que está disfrutando de algo que sólo se encuentra si te dejas llevar.


Caminé con paso firme y decidido,
al final que tristemente me marcó...

jueves, 6 de noviembre de 2008

Princesa


Hay días en los que una sonrisa hay que buscarla, otros en los que viene sola y otros en los que, te pongas lo que te pongas, te sientes como una princesa.
Ayer fue un día en el que la sonrisa vino sola y me sentí como una princesa.
Entre papeles y bolígrafos apareció una lucecita que me indidicaba que alguien me requería, y ese alguien eras tú.
Nos confesamos entre sensaciones y sentimientos unas verdades que siempre he sabido pero que necesitaba oír, sé que tú también, son esos "extraños momentos" que dices que vivimos.
Hace años me contaron un cuento de princesas a las que todo les salía bien, incluso los baches parecían menos costosos. ¿Seré yo princesa?


Cuando nuestras diferencias congenian como dos gotas de agua....